Una década de lucha: 1992

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Fue con emociones encontradas que la comunidad filantrópica de Chicago se encontró proporcionando apoyo clave para la descentralización de las Escuelas Públicas de Chicago. En algunos casos, simplemente sucedió que las fundaciones estaban apoyando a las organizaciones sin fines de lucro que acabaron abogando por esa causa.

Una vez que los consejos escolares estuvieron formados y funcionando, las fundaciones regresaron felizmente a las aulas, otorgando donaciones principalmente a las organizaciones externas que desarrollaron sociedades con las escuelas.

“Para 1992, se comienza a observar un conjunto de donaciones que se ori-gina principalmente para asuntos de enseñanza y aprendizaje, todo esto dentro del marco de la “Ley de Reforma de 1988,” dice Bill McKersie, quien escribió una tesis filosófica sobre la función de las fundaciones en la reforma escolar luego de dejar la Fundación Joyce en 1990.

La Youth Guidance (guía para jóvenes), una agencia de servicio social basada en las escuelas, recibió casi $1.5 millones entre 1990 y 1993, para incluir a cuatro escuelas de Chicago en el Comer School Development Project (Programa de Desarrollo Escolar). El Sindicato de Maestros de Chicago recibió $1.2 millones para abrir su Quest Center (Centro de Indagación) para el desarrollo profesional. Corporaciones y fundaciones reunieron $650,000 para lanzar el Chicago Arts Partnerships in Education (CAPE) (Sociedades Artísticas de Chicago en la Educación), que promueven la integración de las artes dentro del plan de estudios elemental.

Desde 1987 a 1993, según el estudio de McKersie, 11 de las fundaciones de Chicago más activas en la educación donaron más de $52.7 millones a 176 diferentes organizaciones que trabajaban en la reforma escolar. El noventa por ciento de estas donaciones se realizaron luego de que la Ley de Reforma fuera aprobada.

El Director Ejecutivo de CAPE, Arnold Aprill, dice que a medida que el sistema escolar se descentralizaba, las fundaciones comenzaron la innovación.

“Anteriormente, cuando no existía una infraestructura para nuevos experimentos y la reformulación de la enseñanza, el mundo de las fundaciones ingresó y llenó un vacío”, dice él. “Hubo un intento de financiar programas muy interesantes, y una reformulación de cómo mejorar las escuelas.”

Recientemente CAPE se jactó de mejoramiento en un estudio nacional sobre el impacto de las artes en el desarrollo de la juventud y los logros académicos. “Obtuvimos buenos resultados,” dice Aprill. “Obtuvimos un mejoramiento en los resultados de las pruebas en las escuelas CAPE y en destrezas de trabajo del Siglo XX: coo-peración, trabajo con diferentes colegas, autocontrol y destrezas sobre la resolución de problemas.”

Bajo CAPE, las escuelas forman parte de redes que incluyen organizaciones de arte comunitarias y profesionales. Desde que comenzó el programa, la cantidad de escuelas en redes CAPE ha aumentado de 19 a 30.

Un estudio del Programa de Desarollo Escolar, que ahora tiene 22 escuelas, también encontró progreso. El Profesor Thomas Cook de la Universidad Northwestern examinó 10 escuelas que participaban en el Programa de Desarollo Escolar y nueve escuelas “control” entre 1992 y 1997. Él encontró que las escuelas que participaban en el Programa de Desarollo Escolar “superaban” en las pruebas de lectura y matemáticas, a las escuelas que no participaban en él, mientras que el comportamiento social negativo disminuía.

El Programa de Desarollo Escolar busca mejorar los logros académicos y el desarrollo sicológico de los alumnos haciendo que los directores, maestros y padres participen en el diseño y puesta en práctica de planes de mejoramiento escolar.

Para el Proyecto de Escritura del Área de Chicago, otro programa de desarrollo profesional, el dinero de fundaciones demostró ser un salvavidas en 1992. El Proyecto comenzó a trabajar con escuelas suburbanas en 1978 y con las Escuelas Públicas de Chicago en 1989, recibiendo fondos de la Junta Escolar para los talleres de maestros. Cuando la junta redujo su presupuesto a comienzos de la década de 1990, el Proyecto vio como los fondos desaparecían. La Fundación Barre Seid lo apoyó, permitiendo que el Proyecto incluyera a ocho escuelas de Chicago en 1992.

La directora del Proyecto, Betty Jane Wagner, afirma que “en 1992 las fundaciones fueron fundamentales.”

Actualmente el Proyecto está trabajando en 40 escuelas de Chicago.